Cada obra comienza con un umbral.
En primer plano siempre hay un punto físico de paso —una puerta, una abertura, un marco, un borde material— verosímil y coherente con la lógica del lugar. Desde esta posición, el espectador no simplemente observa un paisaje; se sitúa frente a él.
La imagen no completa el cruce. Se detiene ahí.
Liminal llama a esta pausa suspensión.